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Voces RSU | Violencia hacia las niñas y cambio institucional

Jose Carlos Silva Macher
Docente del Departamento de Economía de la PUCP

El tema de la violencia contra la mujer y específicamente contra las niñas es algo complejo y
transversal a toda la sociedad. Esto significa que se puede observar y analizar desde diferentes
perspectivas y escalas, las cuales muchas veces tienen elementos en común, pero también
discrepancias o simplemente no conversan entre sí; por lo tanto, considero que se trata del tipo de
tema que requiere una mayor atención y reflexión crítica entre los diferentes actores sociales.
Considerando la coyuntura sobre el tema, me sumo a las voces que están a favor de la enseñanza
y formación en equidad de género y el respeto a la libertad de pensamiento y creatividad de las
niñas desde los primeros años de vida, tanto en los hogares como en las instituciones educativas.

Al respecto, pienso que es imprescindible el fortalecimiento de las instituciones que dan más
poder, seguridad y libertad a las mujeres desde sus primeros años de vida. Lo que en teoría podría
cambiar más rápido son las reglas legalmente exigibles y las decisiones políticas al más alto nivel;
por ello, resulta indignante cuando un presidente, ministro, juez o congresista es contrario o
calculador frente a los principios de equidad de género y la prevención, control y sanción de la
violencia contra las mujeres. Sin embargo, también están las convenciones y normas de la
sociedad, que si bien no cambian tan rápido en el tiempo, una vez que se logran son más estables
y sostenibles. Además, es importante destacar que las instituciones crean significados y forman a
las personas, no son simples reglas de juego para otros fines —la justicia hacia las niñas es un fin
en sí mismo—.

Al respecto, podríamos considerar el enfoque del profesor Arild Vatn (2015), quien describe el
proceso de creación institucional y socialización en tres fases: (1) la externalización, esto es la
creación de una nueva regla o práctica por parte de algunas personas; (2) la objetivación, que
equivale a la observación de esta regla o práctica por parte de otra persona que empieza a pensar
en “cómo son o deberían hacerse las cosas”; y, finalmente, (3) la internalización, que ocurre
cuando estas reglas o prácticas se convierten en la forma en la que estos otros hacen las cosas. En
este sentido, Vatn ilustra este concepto con la metáfora de enseñar a comer en una mesa a niñas
y niños muy pequeños, donde, primero, los padres externalizan el modo de comer sentados
alrededor de una mesa; segundo, los pequeños observan esa práctica de sus padres y la
convierten en un objeto diferenciado dentro de su universo; y, tercero, los infantes internalizan
como propias esas prácticas de manera estable en el tiempo. Es importante mencionar que esto
no es automático, y las niñas y los niños en el proceso podrían no aceptar estas reglas y por ello,
por ejemplo, treparían sobre las mesas o se pararían en sillas y donde puedan. De manera que el
mensaje debe estar en la perseverancia y la comunicación.

Siguiendo esta inofensiva metáfora, pienso en el rol que cumplen las y los activistas que defienden
los derechos de las mujeres y niñas, quienes están externalizando nuevas reglas y prácticas en la
sociedad, las cuales están siendo constantemente observadas por diferentes actores sociales,
quienes empiezan a pensar en el tema de equidad de género y la violencia contra la mujer, y
quienes, finalmente, paso a paso empiezan a incorporar como propias estas reglas y prácticas.
Creo que todo este proceso se está dando y avanzando a pesar de las resistencias y actos de violencia, por lo cual nos toca ser perseverantes e infatigables ante esta imprescindible y urgente
acción colectiva.

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