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Voces RSU | La participación social con miras a una ciudadanía ambiental responsable

Claudia Tuesta
Coordinadora de la iniciativa Clima de cambios

Los titulares de la semana pasada se han ocupado del Presidente Donald Trump y de su decisión de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París. Aunque era una decisión que no nos ha sorprendido, nos referimos a una de las potencias que genera mayor emisión de gases de efecto invernadero (GEI), se trata pues de un golpe duro, aunque no de una estocada final. Afortunadamente el Acuerdo de París no depende de una persona, ni de un solo país, depende de los esfuerzos globales de todas las naciones y de las pequeñas acciones que hagamos los ciudadanos y las ciudadanas para proteger nuestra tierra. Hoy no contamos con el Presidente de Estados Unidos, pero sí con muchos otros líderes que comprenden  que el cambio climático es real y que, como bien lo mencionó el mandatario francés Emmanuel Macron, “dondequiera que vivamos, quienquiera que seamos, todos compartimos la misma responsabilidad: hacer nuestro planeta grande otra vez”. En ese sentido, cuidar a la Madre Tierra es una cuestión moral que nos conduce a la búsqueda de soluciones para los desafíos relacionados con el cambio climático y el uso de los recursos de los que nos provee la naturaleza de forma sostenible. El informe “Nuestro futuro común” (Brundtland, 1987) define el término desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, a lo cual quisiera añadir que por ello implica una preocupación adecuada por el medio ambiente, la igualdad y equidad social que todos y todas anhelamos.

En este marco, a nivel local y como miembros de la comunidad PUCP, es imprescindible reconocernos como parte importante que habita y convive en un campus biodiverso; gracias a la Política institucional de gestión ambiental, la PUCP es una institución que promueve el manejo ambiental responsable de los recursos que empleamos, tomando medidas respecto del impacto que el desarrollo de nuestras actividades generan en las instalaciones de la universidad. Proponiendo actividades como la Semana Ambiental ­­­ —que este año se incorpora al Mes de la Diversidad dentro del sentido del reconocimiento positivo de nuestras diversidades— queremos generar conocimiento y reflexión con miras a construir una ciudadanía ambiental responsable, además de una comunidad comprometida con el cuidado y protección de nuestro entorno. Así, desde nuestra comunidad se ha logrado, por tercer año consecutivo,  la organización de eventos a base de alianzas estratégicas con unidades PUCP que ayudan a consolidar una universidad responsable con su entorno. Es a través de esta estrategia que la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS), Clima de Cambios, la Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de Estudios Generales Letras (OPROSAC), la Oficina Responsable de Actividades Universitarias de Estudios Generales Ciencias (RAU) y el Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables (INTE),  activan un potencial social en la comunidad.

La participación en estas actividades, debe significar un momento para la reflexión. Tan solo unos meses atrás vivimos El Niño Costero, que demostró nuestra terrible fragilidad (más de cien personas perdieron la vida y más de un millón de damnificados han perdido sus casas, bienes y tierras sumado a las daños sufridos por la infraestructura pública). Por ello es necesario colocar constantemente estos temas en espacios de diálogo que sensibilicen, generen conocimiento y evidencien nuestra falta de consciencia sobre la naturaleza de estos fenómenos y el poco respeto y cuidado de nuestro vínculo con el ambiente. Además, es necesario un reconocimiento del esfuerzo de estudiantes que realizan voluntariado ambiental porque es a través de acciones como estas que se podrá generar un ambiente que nos garantice un futuro mejor. Una ciudadanía ambiental real, no mira solo por los intereses propios si no por el bien común. Como miembros de esta comunidad somos agentes de cambio: podemos aportar de forma positiva al ambiente sin importar a qué nos dediquemos; solo es necesario recordar que cada una de nuestras acciones impactará positiva o negativamente al planeta.

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