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Reflexiones de Gastón Garatea|Después de la tempestad viene la calma

Desde hace algunas semanas el país se nos ha tranquilizado y estamos caminando con una cierta calma que se hacía indispensable. En el mundo de la política suelen suceder ese tipo de cosas, y esta vez nos ha sucedido algo bueno: nos hemos calmado y bien. No todos, pero casi todos.

Nos toca ahora pensar en el Perú sin apetitos personales ni comunitarios. Hay que pensar en el bien de todos los que nos llamamos peruanos y queremos un país fraterno para todos, especialmente para aquellos que la han pasado y la pasan tan mal por motivos de pobreza, de incultura y por soledad.

Es mucho lo que hay que hacer, y hay que hacerlo desde ahora en que tenemos cierta paz social. Tratando de solucionar las diferencias que tenemos entre nosotros y construyendo un país para todos.

Qué bonito suena eso, pero qué difícil hacerlo realidad. No faltarán algunos de esos que se creen “realistas” que quieran convencernos que las cosas son más difíciles de lo que en realidad son. Hay que tirar para adelante con entusiasmo.

Un país difícil como el nuestro requiere un trabajo constante e ilusionado que nos haga esperar lo que nunca hemos tenido y que siempre hemos querido tener: paz y justicia. Pero estas dos cosas no caen del cielo: hay que construirlas, y construirlas en tiempos de paz que son los que nos permiten pensar de verdad.

Lo que hay que hacer tiene que estar bien fundamentado, pero tampoco seamos fundamentalistas que se dedican a pensar y nunca hacen nada.

El lema del Perú dice: “Firme y feliz por la unión”. Hagámoslo verdad.

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